Sí, ya sé que no estamos realmente en invierno, que queda todavía algún tiempo para que disfrutemos del mundo en ocre, de hojas que crujen cuando las pisamos, es el tiempo que crepita. Pero en cuanto sacamos la cazadora de cuero del armario, las castañeras ocupan su lugar en el centro de la ciudad y la luz pierde intensidad, fuerza y, poniéndose de acuerdo con el tiempo, se vuelve fría, siento que se aproxima el general invierno. Las calefacciones se empiezan a encender y la ciudad cambia, se adapta al nuevo clima. Y es entonces cuando las urbes pierden su carnalidad, una cierta lujuria adquirida a lo largo de la primavera y del verano.
Pero no todo es negativo. Junto con el frío (o a pesar de él), la nueva época trae consigo una mayor elegancia o, como mínimo, una menor "horteridad". La gente tiende a la sobriedad, los colores se apagan. Y luego está el toque que dan las bufandas, los abrigos, las botas (aunque este año se lleven las botas de los mosqueteros y D'Artagnan últimamente se limite a ir de tasca en taberna y de burdel en lupanar, corren malos tiempos para el romanticismo), los sombreros, las gabardinas y las boinas. Las chaquetones y los pañuelos. Y, por supuesto, las cazadoras y los gorros de lana, subidas las solapas, el cuerpo encogido sobre sí mismo, las manos en los bolsillos. Estibadores de ciudad. "Marlons Brando" sin silencio ni leyes.
Pero no todo es negativo. Junto con el frío (o a pesar de él), la nueva época trae consigo una mayor elegancia o, como mínimo, una menor "horteridad". La gente tiende a la sobriedad, los colores se apagan. Y luego está el toque que dan las bufandas, los abrigos, las botas (aunque este año se lleven las botas de los mosqueteros y D'Artagnan últimamente se limite a ir de tasca en taberna y de burdel en lupanar, corren malos tiempos para el romanticismo), los sombreros, las gabardinas y las boinas. Las chaquetones y los pañuelos. Y, por supuesto, las cazadoras y los gorros de lana, subidas las solapas, el cuerpo encogido sobre sí mismo, las manos en los bolsillos. Estibadores de ciudad. "Marlons Brando" sin silencio ni leyes.
