miércoles, 18 de julio de 2007

Operazione Paura (1966) - Mario Bava

Andaba últimamente con intenciones de comentar un film gótico, en la línea de los grandes relatos de Ambrose Pierce, Arthur Machen, M.R. James,...; relatos con sabios, científicos, arqueólogos, viejas casonas, ritos paganos, fantasmas, brujas y muerte. Con horror y misterio, con escepticismo y credulidad, superstición e investigación. Concretamente, iba a referirme a la gran adaptación de "Otra vuelta de tuerca", de Henry James, que es The Innocents (Suspense) de J. Clayton, con una soberbia Deborah Kerr y muchas ideas fusiladas malamente por "Los Otros"...

Las circunstancias, sin embargo, han hecho que acabe con un film, igualmente de horror gótico, pero más mediterráneo. Operazione Paura, también conocida como Curse of the Dead; Curse of the Living Dead; Don´t Walk in the Park; Kill, Baby, Kill; u Operation Fear, sigue en ese sentido el "manual" al uso. Tenemos brujería, muertes, fantasmas, una vieja mansión llena de telarañas, una cripta, algún pasadizo y un pueblecito con aldeanos. Y, junto a estos elementos, una historia en principio convencional: en un pueblecito empiezan a sucederse una serie de muertes extrañas en las que el común denominador es la presencia de una niñita de cabellos dorados, su "angelical" risa y un sobrenatural repicar de campanas.

Pero a pesar de los tópicos del guión, con la típica investigación de un doctor y un comisario que no creen en las supersticiones y la aparición de una bella y exuberante actriz, Erika Blanc, que condicionaría la aparición en el título de la palabra "operación" por causas comerciales, Mario Bava supone un paso más pese al empleo excesivo del zoom (a pesar de tener en muchos casos una función narrativa) y una extraña banda sonora.

Ya en una de las primeras escenas, partiendo de una tópica llegada en coche de caballos con advertencia del cochero incluida, un pequeño barrido acaba en un contrapicado del protagonista, que lo sitúa visualmente por encima de esas supercherías. Pero junto a esto y a numerosos barridos, en algún caso de casi 360º, picados y travellings (destaca uno en el que combina en un único travelling la primera y la tercera persona, es decir, de un travelling subjetivo, pasa a un plano objetivo), hay también juegos "voyeurísticos" y varias escenas en las que la imagen aparece encuadrada dentro de elementos arquitectónicos oprimiendo, de alguna manera, el ambiente.
A ello hay que añadir el cromatismo, ciertos leit-motivs visuales como la mano de la niña que se arrastra plasma en las ventanas o la sobrenatural pelota fluorescente que la acompaña de manera habitual. And last but not least las dislocaciones/distorsiones temporales e, incluso, paradojas espacio-temporales (el protagonista sale corriendo de una habitación, para a continuación entrar por el otro lado en un bucle continuo y acaba persiguiéndose a sí mismo), una de las cuales acaba siendo calcada por Lynch en "Twin Peaks". Pero no es el único director en el que se evidencia la influencia de este film, también algunas escenas de "Al Final de la Escalera" (P. Medak), de "La Última Tentación de Cristo" (M. Scorsese) o el capítulo de Fellini de "Historias Extraordinarias" están presentes aquí, por no hablar de otras numerosas películas de fantasmas, como las "orientales con niño/a muerto... Por cierto, como curiosidad y ejemplo de las coincidencias de las que la vida está llena, en un par de escenas aparece una escalera en espiral muy semejante a la que utilizamos para ilustrar el post anterior

Se trata, en definitiva, de un tradicional cuento gótico del que se apropia Bava a través de su estilo convirtiéndolo en algunos momentos en un hipnótico sueño o, mejor aún, en una pesadilla de poderosas imágenes.

domingo, 8 de julio de 2007

Resaca



La luz empieza a filtrarse por la persiana de la habitación. ¡Maldita luz!, ya sabías tú que tenías algo de vampiro. El cerebro te late, sientes que cambia de tamaño. El hombre del tambor empieza a perforar tu cerebro en un camino hacia la locura que recuerda a la tradicional y famosa tortura china de la gota de agua. Los vecinos se ponen de acuerdo para hacer salvajes movimientos de muebles hoy. La gente con la que vives se ha tragado varios amplificadores de voz. Te sientes a la deriva y te arrastras hasta el baño intentando hacer el mínimo movimiento posible. El pasillo realiza un travelling ante tus ojos. El día confunde tus sensaciones. Seres diminutos juegan al fútbol con tus neuronas. El hada de la noche se ha ido, ha llegado la bruja del Oeste. La vida se mueve a 12 imágenes por segundo. Ojos hinchados, oídos embotados. El que bebía no era el piano, sino tú. Espirales de sonidos y olores, de sensaciones, que te arrastran a las profundidades ignotas de tu infierno particular. El alcohol es vanidad embotellada.

Pero ya se sabe: quien siembra cierzo... No puedes negar que te lo has ganado a pulso.

miércoles, 4 de julio de 2007

Roma - Fellini

Magia

Aunque no he visto (aún) toda la filmografía de Fellini, llama enormemente la atención la fuerza visual que tenían sus películas, fueran mejores o peores, regulares o irregulares. Algo parecido sucede con su personalidad que acaba plasmada en todas sus obras. De hecho el Satyricon es un perfecto ejemplo de ambos factores. Su cine presenta escenas que se quedan grabadas, esculpidas casi, en la retina del espectador. Y hay ocasiones en la que transcienden el cine y se hacen magia. Imágenes icónicas, imágenes que provienen del país del sueño, en ocasiones imágenes lúdicas, otras veces telúricas y, casi siempre, poderosas.


Fellini durante el rodaje de Satyricon

Y entre todas estas imágenes me quedo, sin duda, con una secuencia de Roma. En esta mirada impresionista, casi un collage, en el que convive el recuerdo y el presente de la ciudad, destaca con especial fuerza y sensibilidad una escena: a través de la construcción de un metro en el subsuelo de Roma accedemos a una estancia cuyas paredes están recubiertas de pinturas murales. Sin embargo, en unos segundos todo se empieza a disolver, a erosionar, a desaparecer, al ser vulnerado el ambiente en el que se había conservado durante casi dos milenios. Sólo esa memorable escena justifica una película. Sutileza, belleza, sensibilidad, tristeza,..., éstas y otras sensaciones emanan de un simple rollo de celuloide.

Aunque una de las interpretaciones que se da de esta secuencia cargada de onirismo, de magia, la plantean como una metáfora de la muerte, yo prefiero verlo también como una imagen del paso del tiempo, de la perennidad de la belleza, del tempus fugit. Y, ¿por qué no?, todos estos recuerdos se perderán como pinturas en el aire...

domingo, 1 de julio de 2007

Poesía de cabecera...

Igual que la gente tiene médicos de cabecera y, en otro nivel, libros y películas predilectos, músicas que acaban siendo banda sonora de sus propios días (y noches) y olores favoritos, todo el mundo también debería tener un poeta de cabecera (incluso mejor varios). Realmente no se trata de encontrar al mejor poeta, sino "simplemente" alguien a quien recurrir cuando la vida resulte demasiado prosaica o también en aquellos momentos en los que se necesita de la magia de las palabras. Magos de las palabras, tahúres del lenguaje...

Y uno de mis varios poetas de cabecera es Ángel Petisme, bilbilitano para más señas, y que descubrí en un ecléctico programa de radio que se emitía hace tiempo y se llamaba "Déjate besar" (aún me acuerdo de algunos de los eslóganes). Quizás una de las razones de que me guste sea la referencia al cine (y a la literatura) que se asoma en muchas ocasiones en las letras de sus canciones (también es "cantautor") o en los versos de sus poemas. De hecho, aparece en la recopilación de poemas relacionados con el cine que hizo José María Conget, "Viento en el cine" (aunque insuficientemente representado a mi entender...). Y, ahondando en el cine, contribuyó al aniversario del nacimiento de Buñuel con un precioso libro-Cd "Buñuel del desierto" que entre otras canciones, y algún texto, incluía dos tangos complementarios (que en realidad son uno) que ilustraban toda su vida. Y a ello se le suma su compromiso vital.

Pero en este caso no me voy a referir a la obra que acabamos de mencionar, sino que voy a compartir con quien se asome a este rincón de mi alma un poema de su libro-Cd "Cierzo" que también aparece en su reciente antología "Teoría del color". Por si alguien no lo sabe, el cierzo es un viento (ventolera: según la wikipedia ha llegado en una ocasión a alcanzar los 16o km/h) típico del valle del Ebro que azota Zaragoza indiscriminadamente y sin compasión... Pues bien aquí va el poema y de paso enlazo con el penúltimo post en el que homenajeaba a Dylan. Supongo que en el fondo ha sido una asociación irracional. Tal vez otro día ponga otro texto. Juzgad vosotros mismos que os parece y, si queréis, dadnos a conocer vuestro/s poeta/s de cabecera:



Blowin´In The Cierzo

Si Dylan fuese maño
sabría que no quedan respuestas en el viento,
que el viento aúlla como un perro rabioso,
y enloquece y gobierna a este pueblo;
sería sordo de narices y más seco
y marciano de lo que es. ¡Que ya le vale!
Hablaría del mar en todas sus baladas,
sabría que el desengaño es el estadio natural del hombre,
y que para reírnos
tenemos que hacer daño,
como buenos somardas*.

Si Dylan fuese maño sería anarquista
y no tendría todos esos problemas con Dios;
iría más al grano y dejaría de enmarañarse
en cielos de diamante;
bebería hasta derrumbarse,
- sin quitarse la armónica de los labios -,
de ese cáliz amargo y saturnal...

Si Dylan fuese maño
no tendría donde caerse muerto,
nadie le grabaría esos discos tan duros
donde las cucarachas se tiran de los pelos,
el señor pandereta convoca al huracán,
y la tinta invisible
se hace charco de sangre.

Pero claro, si Dylan fuese maño
otro gallo nos cantaría
por estos secarrales del demonio,
y a lo mejor aparecíamos en los mapas de América,
(y no en los catalanes),
y alguien dinamitaba esas puertas del cielo
para que no nos diesen por el culo
del mundo.

Para salir del "cierzo tremens"
de la forma más digna - es decir como pueda -
maúllan en mis pozos los versos de otro Dylan**:

"Ando solo en una multitud de amores,
que la música salve los restos de la noche".


Ángel Petisme, Cierzo (1997).




* Somarda: socarrón, ironía que te abrasa por dentro.
** Dylan Thomas.

miércoles, 27 de junio de 2007

Diez películas que marcaron mi infancia

Desde Lord Derfel me llega un meme y como soy un caballero, acepto los guantes que me echan (aunque sólo uno porque de manfas y cosas similares paso...). Se trata de decir las diez películas que marcaron mi infancia (y comentarlos). Así que ahí van las mías (no van por orden de preferencia sino por como las consigo recordar ahora):

1. The Black Hole (El Abismo negro).
Una producción Disney surgida probablemente a raíz de Star Wars que me fascinó. Especialmente unas pistolas en forma de "U" y el final de la peli. Revisando ahora su ficho me doy cuenta del estupendo reparto que tenía: Maximilian Schell, Anthony Perkins, Ernest Bornigne o Roddy Mcdowall (éste último haciendo una voz.

2. Star Wars.
En realidad la saga completa. Recuerdo siendo niño ir a un centro comercial y hacerle preguntar a mi padre si tenían sables de luz e, incluso, mirar detrás de una silueta de Darth Vader por si acaso... También recuerdo estar viendo el Ep. VI en el cine y creer cuando hablaban del lado oscuro que se referían únicamente a la zona que no llegaba la luz...

3. Las películas de Bud Spencer y Terence Hill (en general).
Innumerables tardes viendo la sutileza narrativa y la moderada interpretación de estos delicados caballeros... ¡qué tiempos!.

4. The Monster Squad ("Una pandilla alucinante").
Refrito de películas de terror pero para niños. Aún recuerdo la frase promocional (jajaja) "Alucinarás pepinillos". Todavía estoy intentando entenderla (la frase, claro).

5. The Goonies.
Siempre me gustaron los inventos de "Data" y por supuesto ese entrañable superman desfigurado y encima había un barco pirata, que más se podía pedir. Si se el añade la dirección de Richard Donner y que Spielberg (y Columbus) estaban detrás...

6. Young Sherlock Holmes ("El secreto de la pirámide").
De nuevo Spielberg, Columbus y un director competente, en esta ocasión Barry Levinson, detrás de una película que en algunos momentos me llegaba a dar miedo (esa escena en el restaurante cuando la comida cobraba vida). Y encima te cuentan unos orígenes (de acuerdo nada que ver con los "reales", pero después de ver unos dibujos en los que era un perro...) de un personaje carismático y famoso.

7. Indiana Jones.
Si es que al final va a ser cierto que Spielberg fue (¿es?) el rey del entretenimiento, pero claro como no fascinarse por un caradura como el Dr. Jones... Sobre el personaje y las historias sobran los comentarios (aunque he de reconocer que en el Templo Maldito me asustaba lo de arrancar los corazones...).

8. Conan.
Y llevar un espadón así y repartir mandobles a diestro y siniestro y formar un equipo con un arquero / ladrón y otra guerrera...

9. Ghosts Busters ("Los Cazafantasmas").
¿A quien hay que llamar para salvar el mundo...?. Por cierto, siempre me cayó mejor el personaje de Dan Aykroyd que el de Bill Murray.

10. James Bond.
Así, en general. Mi padre tenía todas y de vez en cuando se iba poniendo alguna. Y claro a un chiquillo le encantaban, aunque el personaje de Tiburón le asustase y no entendiese el hecho de acostarse.


Pues esos han sido mis diez. Quedan muchos fuera, pero mi infancia fue así. Recuerdo que mi padre algún fin de semana subía con 5 películas de vídeo de las cuales me tragaba las que podía (aunque algunas no me dejaban verlas por la violencia y las palabrotas...). No se daban cuenta del monstruo que estaban creando hasta que fue demasiado tarde, Buajuajua...

Y en lugar de retar a nadie prefiero lanzar el Meme al aire para que en vuestros blogs o aquí en los comentarios dejéis constancia de vuestras películas...

Nos leemos.

lunes, 25 de junio de 2007

Picnic en Hanging Rock - Peter Weir

Porque hay cosas que no tienen respuesta...

Resulta complicado hablar de una película que puede que esté basada en hechos reales (o puede que no), pero que para mi ante todo destaca por su fisicidad, por su atmósfera. Un ambiente cargado de represión, pero que se va enrareciendo en otro sentido. Hacia unos elementos más sensoriales. Y todo esto aumenta al llegar a Hanging Rock, cumbre montañosa de orígen volcánico (¿saturnal?) de aspectos variado que oscila entre lo fálico y lo antropomorfo. En este lugar físico, pagano y de rasgos casi míticos se dará la misteriosa desaparición de tres alumnas y una profesora de un cercano colegio en una extraña "volatilización" de la que una de ellas se acabará librando, de una manera igualmente inexplicable...

Sin embargo, la historia no se queda únicamente ahí, siono que juega con los efectos que estas desapariciones producen en la sociedad circundante. En una sociedad que esta marcada por la represión que señalábamos antes y en la que historias, más o menos escabrosas, quedan vertebradas por esas mujeres y su ausencia repentina con un protagonismo "en off", en especial de una de las desaparecidas que se asocia constamente en su recuerdo a la figura de un cisne.

Filmícamente destaca la fisicidad de la montaña, surcada de "cicatrices", que contrasta con la languidez del resto de jóvenes que quedan de picnic, y los contrapicados que se asocian a su imagen revelando su majestuosidad e insistiendo en cierto rasgos antropomorfos. Igualmente detalles como la despedida de una de las muchachas y la presentación de nuevo de la única que es localizada, integrado en un plano a través de un espejo.

La música, por último, acaba siendo un componente fundamental para crear el clima irreal y onírico que impregna la película destacando el peculiar timbre de la flauta de pan que acompaña alguna de las principales escenas.

Anecdóticamente, la propia visión de la montaña lleva a pensar en "Ayers Rock", otra elevación austrialiana, a la que los indígenas denominaban Uluru. Este lugar era el punto de unión entre nuestro mundo y el Tjukurpa -"el Tiempo del Sueño", especie de universo paralelo que es a la vez pasado y presente donde sucede la creación.

Quizás por esto último (y cierta deformación profesional), unido al empleo constante del sonido de un elemento tan vinculado al mundo religioso clásico como la flauta de pan, no pueda evitar ver la película en otra dirección: como un rito pagano relacionado con los cultos terrestres. En ese sentido estaría presente el sacrificio simbólico con el corte de un corazón (una tarta de San Valentín), y real de las sacerdotisas, las doncellas, todas ellas de blanco, que desaparecen en un culto infernal, vulcánico, saturnal, y ante un altar de orígen volcánico...

Pero claro, eso es también lo bueno del cine que es un enfrentamiento entre lo emitido y lo que interpreta el receptor.

lunes, 18 de junio de 2007

Girl of the North Country - Bob Dylan

No hace mucho saltaba la noticia de que Bob Dylan había sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias. Inmediatamente pensé en "aquel que una vez podría haber sido campeón del mundo", esa bonita historia de Huracán Carter. Luego, cuando alguien golpeó algo cerca de mi, me di cuenta de que casi nadie se acordaba, ni siquiera ya los amigos, de que la respuesta esta flotando, mecida por el viento (o "Blowin´in the Cierzo" que decía Ángel Petisme en uno de sus poemas que más me gusta). Pero no, poco a poco me acordé de una balada que traía en su letra el peso del pasado. Y una de las cosas que más me gusta de ella es que todos podríamos ser, en una u otra ocasión, cambiando las geografías o inventando otras nuevas más acordes con nuestros sentimientos, el narrador de esta bella canción:

Well, if you're travelin' in the north country fair,
Where the winds hit heavy on the borderline,
Remember me to one who lives there.

She once was a true love of mine.

Well, if you go when the snowflakes storm,
When the rivers freeze and summer ends,
Please see if she's wearing a coat so warm,
To keep her from the howlin' winds.

Please see for me if her hair hangs long,
If it rolls and flows all down her breast.
Please see for me if her hair hangs long,
That's the way I remember her best.

I'm a-wonderin' if she remembers me at all.
Many times I've often prayed
In the darkness of my night,
In the brightness of my day.

So if you're travelin' in the north country fair,
Where the winds hit heavy on the borderline,
Remember me to one who lives there.
She once was a true love of mine.


Bien, si viajas a la feria del País del Norte / donde el viento golpea duramente en la frontera / Da recuerdos a una que vive allí / Ella fue para mi una vez un verdadero amor //

Bien, si vas donde caen con fuerza los copos de nieve / Donde los ríos se hielan y el verano muere / Por favor, mira por mi si lleva un abrigo lo suficientemente cálido / Para protegerla del viento que aúlla //

Por favor, mira si su cabello descansa largo / Si se enrosca y desliza sobre su pecho / Por favor, mira si su cabello descansa largo / Así es como la recuerdo mejor //

Me pregunto si después de todo me recordará / Lo he deseado numerosas veces / En la oscuridad de mi noche / En el esplendor de mi día //

Así que si viajas a la feria del País del Norte / donde el viento golpea duramente en la frontera / Da recuerdos a una que vive allí / Ella fue para mi una vez un verdadero amor.


Sirva este post como homenaje a este gran poeta popular que se codeó con Billy "el Niño" y con Pat Garret. Y, ya puestos, recomendaros la versión que aparece en el disco Nashville Skyline, ya que aunque no aparece la penúltima estrofa, la unión de la frágil y temblorosa voz de Dylan con el cavernal sonido de esa garganta rasgada que es Johnny Cash tiñe de una mayor nostalgia la interpretación de esta canción que nos habla, sin hacerlo, de algo que pudo haber sido y que finalmente no fue aunque por un tiempo llegó a ser.


(Como siempre se trata de una traducción sobre la marcha (y con alguna licencia poética, todo hay que decirlo) a partir del texto que hemos encontrado aquí).