lunes 12 de mayo de 2008

Meridiano de Sangre - Cormac McCarthy

Grupo (muy) Salvaje.

"Meridiano de Sangre" narra la historia, basada en hechos reales, de un grupo de mercenarios, una expedición paramilitar, que son contratados por diferentes ciudades para acabar con el mayor número posible de indios. Pero bajo esta excusa argumental, lo que vamos a presenciar es una orgía de sangre, un taurobolio en el que el toro va a ser sustituido por el ser humano en general como víctima del sacrificio. Una visión totalmente oscura sobre el hombre, sus escrúpulos y su violencia. Homo, homini lupus... Basado, según parece, en hechos reales, si algo define a este western crepuscular y literario es la desmesura. Y es que la novela supura sangre por sus lomos aunque no está exenta de belleza y cierta poesía

Narrada con un estilo seco y directo, en la que sorprende los cambios de ritmos que aparecen a lo largo de toda la historia. Pero destaca, sobre todo, lo descriptivo que resulta, llenando de matices y detalles cada una de sus minuciosas enumeraciones y paisajes. Este ejemplo quizás permita hacerse una idea de ese estilo tan directo y, a la vez, tan cargado de metáforas.:

"Vio hombres asesinados con armas de fuego y con cuchillos y con sogas y vio batirse a muerte por mujeres cuya tarifa ellas mismas fijaban a dos dolares. Vio buques procedentes de la China amarrados con cadenas en los pequeños puertos y balas de té y de esencias y de especias abiertas a espada por menudos hombres amarillos que hablaban como los gatos. En aquella costa solitaria donde las empinadas rocas acunaban un mar oscuro y murmullante vio planear buitres..."


En cuanto a la historia en sí, atrapa y engancha. Y es que las peripecias (rojas) de este grupo capitaneado por Glanton, una especie de dandi trágico y, sobre todo, desmesurado, y el juez Holden, al que luego nos referiremos, viven en un mundo de frontera. De frontera entre estados, pero sobre todo de Frontera entre lo salvaje y lo civilizado, tendiendo siempre a evidenciar lo primero en contextos urbanos, protagonizando orgías, borracheras y, principalmente, estallidos de una violencia brutal. Sin embargo, en el fondo es también, como Glanton intuye en algún momento, una tragedia en la desmesura, la hybris de la que hablaban los griegos, hará que los dioses impongan un castigo al hombre por ese orgullo.

De todos los personajes que cruzan las páginas, entre los que se incluye el "chaval" o "muchacho" que sirve de personaje conductor de la historia, una especie de protagonista en off, casi siempre aparentemente fuera de campo y de la acción, o el resto de componentes del denominado "Grupo Glanton", destaca por su fuerza el juez Holden, al que aludíamos antes.
El juez es una figura casi mitológica y divina que es vista por algunos críticos como un trasunto de Moby Dick (al igual que toda la novela es emparentada con la obra de Melville, la favorita del autor). Albino, enorme, recopilando constantemente información sobre todos los elementos del mundo que van recorriendo y dueño de una particular concepción del mundo, resulta sin duda el personaje más interesante, desarrollado y complejo de la novela, aunque también tenga mucho de icónico y resulte, en ocasiones, incluso demasiado irreal (dentro de la propia irrealidad del personaje en la novela). Es una presencia, un fantasma que se aparece en cualquier lugar y de la manera más insospechada. Un monstruo de cuento infantil o de película de terror, que acaba condenando a quien acompaña como un Midas crepuscular y mítico o un trasunto de la muerte del "Séptimo Sello".

De cualquier manera, lectura recomendable, a pesar de que a veces puede llegar a agotar la minuciosidad de las descripciones y las enumeraciones.

viernes 9 de mayo de 2008

Conspiración de Silencio - John Sturges

Aunque tal y como estoy ahora (circunstancias de la vida) me siento más cercano al James Stewart de "La Ventana Indiscreta", aunque por desgracia sin una émula de Grace Kelly a mi lado y por suerte sin vecinos poco "sutiles", he aprovechado este reposo obligado para ver cosillas pendientes. Es por ello, también, que no he visto hasta hoy la distinción que me ha concedido Manuel (al que se lo agradezco y, de paso, recomiendo visitar), ni he podido actualizar y ni siquiera echar un ojo, a veces incluso los dos, a los sitios que suelo visitar. Y junto a un menage-a-tròis forzado, sincopado y afuncional en la Hungría soviética, que es "Rojo Atardecer" de Litvak, con una aristocrática Kerr (qué si no), un herido Jason Robards y un Brynner falto de cariño y compañía (mención especial para la bella Anouk Aimée que pasaba por ahí...) y un bello e inevitable final, otra de las películas que he tenido oportunidad de ver ha sido esta "Conspiración de Silencio" (por cierto, precioso título):

Un tipo manco que parece llegado de un relato de Chandler, Hammett o Ellroy, baja del tren en una pequeña aglomeración de casas que algunos de sus habitantes llaman pueblo... Se trata de un hombre que viste un traje oscuro, con sombrero a juego y pelo canoso. Su llegada no será, sin embargo, del agrado de la gente del pueblo. Especialmente cuando suponga remover un pasado que todo el mundo creía superado...

El film pronto se convierte en un western-noir y (casi) todo el pueblo, capitaneado por un potentado local hará lo posible para que su estancia resulte lo más "agradable y acogedora" posible. Se trata de una película totalmente recomendable con un Spencer Tracy aparentemente a la defensiva y cohibido, en un medio en el que parece ajeno, impostado, que se enfrenta frontalmente a Robert Ryan. Diálogos que dicen más por lo que callan, fisicidad, peligro, agresiones, peleas... en un escenario dominado por un sol y unos paisajes agrestes, difíciles, metáforas de la realidad interna de ese pueblo.



Si a todo ello le sumamos unos secundarios de lujo, además de los protagonistas antes mencionados y su director, John Sturges (Fort Bravo, Duelo de titanes, Los siete magníficos, La gran evasión,...), encontramos a Anne Francis ("Planeta Prohibido"), Lee Marvin, el siempre inmenso Ernest Bornigne y el genial Walter Brennan...

Pinceladas de cine negro (ese hombre de ciudad que aparece buscando a otro y, de paso, removiendo el pasado), western, racismo, violencia, caciquismo. En definitiva, como apunta su título original, un mal día en Black Rock...

Edito para agradecer también a Josep la concesión de ese mismo premio. ¡Qué emoción!, snifff. Gracias... (y totalmente de acuerdo con el título de la entrada de Josep).

domingo 27 de abril de 2008

Inland Empire - David Lynch

Tras una semanica ausente por motivos labores, y totalmente asilvestrado por el entorno natural en el que me he visto situado, he decidido aplicarme un tratamiento de choque extremo. Es por ello que haya acabado por ver una película que tenía pendiente desde hace tiempo y a la que le tenía muchas ganas (y que además me resulto imposible verla en el cine porque en una ciudad como Zgz, o Zeta que diría Manuel Vilas, únicamente la estrenaron en la Filmoteca, por lo que estuvo un par de días en "cartel").


Como comentamos en alguna ocasión, para ver una película de Lynch, salvo excepciones, hay que tener el momento adecuado. Esta circunstancia, que se aplica a otros películas o, incluso, a géneros (ver una de terror a las 12:00 a.m. con el sol entrando por la ventana suele hacer que se pierdan puntos), es otra de las causantes de que haya tardado un cierto tiempo en verla. Pero como decía hay que elegir el momento, especialmente en este caso porque son 3 horas de película y porque no se caracteriza, precisamente, por su ligereza.

Nada más empezar queda patente que no va a ser una camino sencillo. Lynch lanza un órdago, pone cara de póker y canta las 40. Y ahí el espectador tiene que elegir entre dejarse llevar por las imágenes, los sonidos, las luces y las sensaciones o, por el contrario, se trata de aferrar desesperadamente a la línea argumental. Es una apuesta radical de Lynch, un doble o nada en la que retoma elementos apuntados en Carretera Perdida y en Mulholland Drive y los extrema. Es por ello que la segunda opción resulta un suicidio. Para apreciar esta película tienes que deshacerte de los prejuicios, de los atavismos, y dejarte llevar por la marea visual y sonora que plantea Lynch.
Entrar a analizar o comentar el argumento resta puntos al carné de cordura que cada cual tenemos, nos desliza hacia el filo de nuestra navaja de afeitar (como el caracol de Kurtz), hace que nos asomemos a profundidades que, quizás sería mejor no contemplar. Yo al menos no me atrevo, mi osadía no es tal, pero para aquel que tenga una mente poderosa y sana puede en la propia página de Lynch, dentro de la sección Inland Empire, revisar el foro en el que se discute sobre sus posibles significados.

¿Y qué tal está la película?. Pues personalmente, y teniendo en cuenta que Lynch me "pone" bastante, me ha gustado, aunque quizás sin llegar al nivel de Carretera Perdida. De cualquier manera quien se atreva o quiera enfrentarse a ella, no se encontrará una película fácil. Lo que sí encontrará será una magnífica actuación de Laura Dern (aunque a mi nunca me ha convencido como actriz) y de un buen reparto (Jeremy Irons, Justin Theroux, Julia Ormond, Harry Dean Stanton, además de varios actores polacos). Encontrará una realización peculiar, asfixiante, con unos primeros planos que llenan la pantalla de una forma obsesiva, imágenes recargadas, picados, contrapicados y pequeños reencuadres de efecto perturbador. Encontrará obsesiones, proyecciones, flash-backs y flash-forwards, contemplados desde fuera por algún integrante de la acción. Putas, muertes (reales o simbólicas y, probablemente, freudianas), fragmentos y escenarios de una pseudo sit-com con extraños conejos antropomorfos (procedentes de una serie que hizo anteriormente), números musicales, un montaje a veces sincopado, situaciones surrealistas, tensión, sensaciones. David Lynch bucea en los sueños y en el subconsciente y nos lleva a mundos oníricos, que se tiñen progresivamente con la oscuridad de las pesadillas. También una bella banda sonora con una canción de la gran Nina Simone en unos extraños y peculiares créditos finales o con una bella melodía de Crysta Bell y el propio Lynch que me recuerda tanto a la mítica "Song to the Siren" de Tim Buckley como a alguna de las canciones de Badalamenti para "Twin Peaks".
Y, casi como si de un monográfico involuntario se tratase, encontrará igualmente la memoria y los recuerdos, verdaderos o falsos. La mezcla entre ficción y realidad, confundiendo la sucesión de los acontecimientos. A la vez que nosotros intentamos jugar con ese rompecabezas cuyas piezas nos va dosificando o, en ocasiones, descolocando, Lynch, el propio personaje de Laura Dern no recuerda el verdadero orden de su pasado. De repente es el futuro, pero en ese futuro acaba contemplando el pasado...


En definitiva, onírica, mágica, inquietante y surrealista, en la que no queda claro del todo que es lo real y que no lo es. Con detalles que recuerdan tanto a las películas mencionadas antes, como incluso a Twin Peaks, con personajes extraños y cortinas de terciopelo rojo... Aunque eso sí, hay que estar preparado para participar en la experiencia.

Nos leemos.

domingo 20 de abril de 2008

8 1/2

Silencio. Un coche parado en mitad del atasco. Más coches alrededor. Autobuses. Gente en sus vehículos parados que miran hacia el primer coche. Miradas vacías, rictus insensibles. Se mantiene el silencio. Un gas en el primer coche. Un hombre que intenta salir y no puede. Una "Cabina" con cuatro ruedas. Por fin consigue salir. Echa a volar. Pero está atado del pie. Es un hombre cometa que acaba por ser arrastrado y lanzado al mar...

Este impactante inicio, esta pesadilla emparentada con la de Fresas Salvajes, abre una historia sobre la creación y la imposibilidad de crear. Sobre el bloqueo ante el "folio en blanco". Sobre un hombre que, más que vivir, huye hacia adelante. Y es que Marcello Mastroianni es un director de cine en crisis. Una crisis, que por momentos parece la de los 40, y que hace que no sea capaz de aclararse en la preparación y realización de su nueva película y que puede tener que ver con esa sensación de no saber que quiere realmente y que se aplica a todas sus experiencias vitales. Pero claro, supongo que tampoco ayuda la presencia de un teórico, de un filósofo, que lo martillea constantemente durante toda la película. O su amante, o su mujer, o su productor, o una actriz consagrada, o tanta gente que lo presiona de una manera u otra durante todo el film...
Bueno, casi todo, porque tiene una iluminación, una visión, casi un fantasma, de voz levemente rota y bella presencia encarnada (o ensoñada) por Claudia Cardinale.

Y junto a ello, digresiones, flash-backs, sueños. Escenas como el encuentro con el alucinado cardenal en unas no menos alucinatorias saunas, como las apariciones del extraño mago (que posteriormente se convertirá en un teórico y maestro del Islam en la vida real), el baile que posiblemente inspiró el que rodó Tarantino en Pulp Fiction, las extrañas escenas nocturnas en la recepción del hotel, la visita al departamento de maquillaje y vestuario, los recuerdos de la infancia...

Todo hace de 8 1/2 una obra poliédrica y onírica. Repleta de sensaciones contradictorias y gran poder de sugerencia y también de espectaculares mujeres. Amor, humor, incomprensión, sueño, realidad, alucinación. Puede que sea excesiva, que esté, en ese sentido descompensada, pero, para mi, es genial. Es, además, lo que se ve, pero también lo que deja intuir con esas espectacularmente bellas melodías de Nino Rota que acaban recopilados en un final que ha sido comparado, no por casualidad, con las fresas salvajes bergmanianas.

Creación, sugerencia, rememoración (el mundo del recuerdo de nuevo), onirismo, nostalgia, irrealidad. Una declaración de principios, que es también una exhibición del alma. Como he comentado, quizás hasta excesiva. Pero claro, Fellini no ha pasado a la historia por su contención...


viernes 18 de abril de 2008

La Jetèe y la memoria.

Acabo, por no ser pesado, de hablar de La Jetèe con la recomendación de que uséis 30 minutos (ni eso) de vuestras vidas viendo esta historia sobre el recuerdo, el pasado, el amor, el futuro y, en el fondo y como si de una tragedia griega se tratase, del fatum romano, del destino. Y terminamos con una bella cita de este bello mediometraje. Al menos de momento...

"Nada diferencia los recuerdos de los momentos habituales.
Sólo más tarde se dan a conocer
cuando se muestran sus cicatrices.
Esa cara que había visto fue la única imagen
en tiempo de paz que sobrevivió a la guerra.
Se preguntaba si la había visto realmente...
o se había inventado ese tierno momento
para protegerse de la locura que se avecinaba"

Cuidénse y coméntenme. Un saludo.


Imagen obtenida de dvdbeaver. Texto traducido por Cirlot.

domingo 13 de abril de 2008

La Jetée, revisitada.

Resulta curioso y casi paradójico, que una y otra vez vuelva a pensar sobre esta película. Obviamente, lo paradójico no es el hecho de reflexionar sobre una buena película, de hecho, sería lo deseable. Y sería necesario pensar, también, sobre el arte, sobre la imágen, sobre la música, sobre los sabores, sobre los sentimientos, sobre la vida. Paro porque me estoy yendo del tema. A lo que me refiero es que elementos como los buenos films deberían incitarnos a pensar y nosotros, el espectador, el receptor, deberíamos dejar de lado nuestro lado voyeur de la vida (the voyeur side of the life ;P) y aceptar ese guantazo que recibimos en la cara...
Decía que era paradójico porque se da la circunstancia de que una película que gira constantemente en torno a un recuerdo y a la búsqueda de ese recuerdo, acabe por ser un recuerdo en sí mismo y se repita cada cierto tiempo como en ese bucle infinito que era la propia "fotonovela". Es decir, la reflexión sobre un recuerdo y el poder de la mirada, acaba convirtiéndose en un recuerdo sobre el que reflexionar.

Y cada vez me interesa más. Y me sugiere más. Las ramificaciones van más allá del Terminator que mencionábamos o del remake 12 monos. Las veo también, o las quiero ver, en Wong Kar Wai, con la vuelta a personajes, a actores, a nombres, a lugares... Las veo en las nuevas versiones de películas antiguas. También en esas recreaciones casi enfermizas de películas ya rodadas: en el Gus Van Sant de Psicosis, en la revisualización íntima de Haneke y sus Funny Games.

Pero es que, al fin y al cabo, en la vida la imagen y el recuerdo van unidos a la mayoría de nosotros. Esa imagen que se te repite cada vez que cierras los ojos, que a veces incluso has descontextualizado, que ya ni sabes que significa. Porque todos tenemos imágenes en las que indagar. Y siempre hay un parpadeo mágico, que como una fotografía, la fija en nuestra memoria...

Un saludo.

domingo 6 de abril de 2008

Chartlon Heston (1924 - 2008)


Puede que para mucha gente este actor de registro limitado, pero de poderosas facciones y presencia importante, muriera para el cine y para la vida en los años 70, cuando realizó sus últimas apariciones en un cine cambiante y, sobre todo, catastrófico. De hecho muchos prefieren ignorar su trayectoria profesional y, especialmente, vital.

Con todo, y a pesar de la ultraconservadora ideología que probablemente poseyera, no se puede ignorar que ha aparecido en grandes hitos del cine hollywoodiense. Y es que lo vimos en "55 días en Pekín", fue Judá Ben-Hur (en el remake en Technicolor), Moisés, el Major Dundee, un Señor de la Guerra, practicó la zoofilia (¿?) con simios y, también, ejerció de El Cid (y si no que se lo pregunten a Carmen Sevilla o a los de El Informal...) y combatió en Khartoum. Aunque yo me quedaré, sin duda, con ese agente Vargas que se encuentra desubicado en un turbio México que no llegó a comprender, junto a unos soberbios Welles y Dietrich.

* Imágen de Charlton Heston y Lizabeth Scott en Dark City (Ciudad en Sombras) de W. Dieterle.